Colombia y Antioquia Ruta 2030: Oportunidades y retos del desarrollo productivo
12 de agosto de 2026.
El panel Colombia y Antioquia Ruta 2030: oportunidades y retos del desarrollo productivo fue organizado por el Centro de Pensamiento de la Universidad EIA junto con FENADECO Región Antioquia. El objetivo de la iniciativa fue juntar a miembros de la comunidad estudiantil de Medellín y el área metropolitana con expertos del mundo académico y gremial. El panel contó con la participación de Jesús Botero, profesor emérito y especialista en política económica; John Fredy Pulgarín, vicepresidente de Desarrollo Empresarial y Competitividad de la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia; y José Alejandro Tamayo Maya, vicepresidente de la Cámara de Comercio del Aburrá Sur. La moderación estuvo a cargo de Moisés Eduardo Briñez Rincón, PhD en Ciencias Gerenciales y director de posgrados de la Tech Business School. La conversación se enfocó en aspectos fundamentales para el futuro nacional y regional, como el crecimiento, la infraestructura y la innovación.
El profesor Botero señaló que el modelo actual, jalonado por el consumo de los hogares y el gasto público, resulta insostenible, pues el país destina apenas el 17 % del PIB a formación bruta de capital, lo que explica una tasa de crecimiento potencial cercana al 2,6 %. Propuso elevar dicha inversión al 23 % del PIB para acercarse a tasas del 4 %, lo cual exige generar confianza hacia empresarios e inversionistas. Alertó también sobre el estancamiento de la productividad total de los factores y propuso tres acciones: atraer capital extranjero con capacidad de difusión en la economía, fomentar la investigación aplicada (con el ejemplo de Brasil y el desarrollo de la soya) e incorporar la inteligencia artificial mediante alianzas entre universidades y empresas, junto con una diplomacia comercial activa inspirada en el modelo chileno.
John Fredy Pulgarín reivindicó el papel del sector privado como columna vertebral del desarrollo, responsable de cerca del 90 % del empleo y el 85 % del valor agregado, y describió el rol de la Cámara de Comercio como agencia de desarrollo orientada a acompañar a los empresarios en su preparación comercial e internacionalización, como lo ilustra la iniciativa Antioquia Exporta Más. Destacó que Antioquia creció el año anterior en un 3 %, cifra superior al nivel nacional, aunque por debajo de su potencial estimado en 4,5 %, impulsado en parte por un incremento superior al 700 % en inversión extranjera directa. José Alejandro Tamayo complementó esta mirada con cifras del Aburrá Sur, que pasó de una caída del 2,1 % en emprendimientos entre 2023 y 2024 a un crecimiento del 6,4 % en 2025. Advirtió, sin embargo, que a nivel departamental el 65 % de los 45.444 emprendimientos registrados en el último año corresponden a actividades de personas naturales, y que apenas el 0,9 % de las unidades productivas formales de Antioquia exportan, por lo que planteó transitar de una política de creación de empresas a una de fortalecimiento empresarial.
El profesor Botero advirtió que la inversión en carreteras, vías férreas y otras obras civiles se redujo de 18 billones de pesos anuales entre 2015 y 2019 a cerca de 11,9 billones en la actualidad. Este comportamiento es resultado del incremento de la incertidumbre en torno a las alianzas público-privadas. Adicionalmente, el profesor propuso extender el modelo de las APP a hospitales, colegios, acueductos y saneamiento. John Fredy Pulgarín recordó el papel histórico de la Cámara de Comercio en la gestión de las autopistas 4G, que sacaron a Antioquia del aislamiento vial del país, y señaló que hoy la Cámara Colombiana de la Infraestructura prioriza diez proyectos nacionales, entre ellos Puerto Antioquia, el cierre de tramos pendientes de las 4G, la ampliación del aeropuerto José María Córdova y el túnel del Toyo, cuya ejecución simultánea puede convertir a Antioquia en una plataforma de competitividad global. José Alejandro Tamayo profundizó en Puerto Antioquia a partir de la experiencia de vincular empresas tradicionales del Aburrá Sur —textiles, químicas, eléctricas y metalmecánicas— como proveedoras de la industria aeronáutica, en un proceso iniciado con la Fuerza Aérea y luego con fabricantes como Airbus y Boeing. Sostuvo que Puerto Antioquia es el detonante de una nueva ciudad industrial alrededor de Urabá, y citó el caso de una empresa que, mediante economía circular, transformó retales de aluminio en anclas certificadas para exportación, como muestra del potencial de la industria naval, siempre que se acompañe de una transformación cultural hacia la internacionalización.
En innovación, el profesor Botero contrastó la inversión colombiana en ciencia y tecnología, que aún no cumple la meta del 1 % del PIB, con la de otros países, y señaló que Colombia ocupa el puesto 61 entre 133 naciones en los índices globales de innovación, con buen desempeño en sofisticación empresarial, pero rezagado en capital humano e investigación. Propuso dos misiones país, inspiradas en los planteamientos de Mariana Mazzucato sobre alianzas público-privadas: definir el papel de Colombia en la inteligencia artificial y consolidar al país como potencia turística, aprovechando el superávit reciente en la balanza de servicios. John Fredy Pulgarín expuso la estrategia de clústeres de la Cámara de Comercio, vigente hace más de 20 años y hoy conformada por ocho clústeres que representan más del 50 % de la economía regional, con evidencia de que las empresas clusterizadas crecen sistemáticamente más que las que no lo están. José Alejandro Tamayo llamó la atención sobre lo que denominó pecados de “egosistema” más que de ecosistema en la institucionalidad antioqueña. Adicionalmente, propuso superar el asistencialismo mediante modernización tecnológica y una relación universidad-empresa-Estado orientada a resolver problemas reales del sector productivo. Resaltó también el problema que representan para las empresas las tasas elevadas y la necesidad de conseguir mayores plazos y tasas que estimulen más la inversión.
Sobre el papel de las universidades hacia 2030, el profesor Botero destacó que las actividades profesionales, científicas y técnicas contribuyeron con el 14,4 % del empleo generado entre 2022 y 2026, y sostuvo que las universidades deberán integrarse de manera creativa al sistema productivo. John Fredy Pulgarín identificó dos frentes: orientar los grupos de investigación hacia la solución de problemas de la industria y fortalecer esquemas de formación dual inspirados en el modelo alemán para aprender haciendo. José Alejandro Tamayo advirtió sobre fenómenos que amenazan el relevo generacional del aparato productivo —la caída de la natalidad, los jóvenes que ni estudian ni trabajan y la economía silver— y sostuvo que la falta de mentalidad emprendedora se origina en la educación básica primaria y secundaria, donde Antioquia está rezagada frente a departamentos como Santander, por lo que llamó a los estudiantes a asumir un rol activo en la transformación de la economía real.
El conversatorio evidenció que el desarrollo de Colombia y Antioquia hacia 2030 no depende de una palanca única, sino de la convergencia de políticas macroeconómicas orientadas a la inversión y la productividad, según lo planteado por el profesor Botero; capacidades empresariales fortalecidas y una cultura de internacionalización progresiva, en la línea de John Fredy Pulgarín; y una apuesta territorial por la infraestructura portuaria y logística, como lo argumentó José Alejandro Tamayo. Los tres panelistas coincidieron en que Antioquia cuenta con activos diferenciales —una clase empresarial articulada, instituciones consolidadas y un ecosistema de innovación reconocido— que conviven con brechas estructurales: una base empresarial mayoritariamente de subsistencia, baja internacionalización, insuficiente inversión en ciencia y tecnología, y fenómenos demográficos y educativos que comprometen el relevo generacional. El desafío consiste en recuperar la confianza para realizar esfuerzos público-privados que dinamicen la inversión e impulsen las grandes obras de infraestructura, mientras se fortalece la articulación entre universidades, empresas y el Estado para convertir el conocimiento de las aulas de clase en un insumo para la transformación productiva. Las capacidades técnicas y de formación humana serán de gran importancia para la capacidad de Antioquia y del país de consolidarse como una economía más productiva, innovadora y globalmente integrada hacia el año 2030.


















